Está muy de moda eso libros que actualmente te dan las claves de cómo mejorar tu felicidad, tu relación de pareja, tu negocio o cómo ser el perfecto anfitrión en todas las fiestas.
Todas estas cosas tienen un punto en común y es que todo tiene que ver con el poder que yo tengo y cómo lo gestiono con otros o en los resultados que obtengo de cómo gestiono el poder en mi vida.
Un filósofo, diplomático, político y consejero de importantes gobernantes en la Italia del siglo XIV, ya redactó un libro que supuso un acercamiento práctico y pragmático a la idea de gobernar, de obtener y mantener el poder a toda cosa. Este libro, de sobra conocido es El príncipe y su autor Nicolás de Maquiavelo.

En esta obra, Maquiavelo, destripa cómo es el poder y sorprendentemente parece que no ha evolucionado mucho este concepto a lo largo del tiempo.
Su obra nos enseña que el poder tiene un precio y las formas de administrarlo condicionan su durabilidad. Hoy, en plena crisis de descrédito a la política, parece raro que no dedicara ninguno de sus capítulos expresamente a la corrupción. Sin embargo, una lectura entre líneas nos hace ver que la corrupción planea sobre toda su propuesta ya que apunta que la virtud está frente a la razón de Estado.

“El que consigue la soberanía con el auxilio de los grandes se mantiene en ella con más dificultad que el que la consigue con el pueblo, porque, desde que es príncipe, se ve cercado de muchas personas que se tienen por iguales a él, no puede mandarlas y manejarlas a su discreción. Pero el que consigue la soberanía con el auxilio del pueblo se halla solo en su exaltación y, entre cuantos le rodean no encuentra ninguno, o encuentra poquísimos que no estén prontos a obedecerle. Por otra parte, es difícil, con decoro y sin agraviar a los otros, contentar los deseos de los grandes. Pero se contentan fácilmente los del pueblo, porque los deseos de éste llevan un fin más honrado que el de los grandes en atención a que los grandes quieren oprimir, el pueblo sólo quiere no ser oprimido.” Maquiavelo, N; El príncipe, Globus Comunicaciones, Madrid 2011. Pág. 58

Sin embargo, en el desarrollo de su libro encontramos otros consejos más prácticos y menos teóricos acerca de gobernar con un nivel que está entre el miedo afable y la cortesía fría. Puesto que si un político gobierna en el terror absoluto, fácil será que se genere un grupo que trate de derrocarlo ya que “nada hay más que perder que la vida”. Por otro lado, si se gobierna afablemente, tan cercano. Cualquier enemigo al poder encontrará fácil usurpar el trono mediante su asesinato o la sublevación de un grupo agresivo.
Además, también recomienda preferible el asesinato de la familia de los rebeldes en el lugar de desposeerle de sus bienes porque se olvida más fácilmente la muerte de los allegados que la expropiación de los bienes de las personas.