Hoy ha salido a la palestra una noticia de esas que tratan de involucrarnos en el circo político que tienen montado los partidos mayoritarios de este país, para que mantengamos la atención en ellos.
La resumo:

El PP acusa al PSOE de tener un plan para la agitación social que se está produciendo, según el PP la situación de descontento generalizada y el escepticismo del pueblo hacia la clase política ha sido provocada como parte de un plan para crear “conflictividad social” y desprestigiar al gobierno.
El PSOE niega dicho plan, aunque cierto es que les conviene esta situación y apoyan los derechos de la gente a manifestarse, incluso participan representativamente en algunas marchas y protestas.

Bien, el egocentrismo de estos dos partidos no conoce límites, así como tampoco los tiene el oportunismo de ambos. Esto no va de PSOE o de PP.
Descontento, agitación, protesta, lucha, son sentimientos que no aparecen por la propaganda o la verborrea de ningún político, sino que son sentimientos que uno mismo genera, en este caso, por supervivencia.
Y hablo de supervivencia porque entregar nuestra vida a este sistema es la supervivencia del siglo XXI, la vida del occidental común se orienta plenamente a trabajar, ganar dinero, y ser parte de la maquinaria de un sistema (actualmente el capitalismo globalizado) al que entrega casi por completo su vida a cambio de protección y comodidades para él y sus seres queridos.
Vemos como dicho sistema está dejando de funcionar, la inestabilidad provoca miedo, y dicho miedo hace que ya no nos sintamos seguros, además la pérdida de empleo y la presión económica crecen por lo que las comodidades que disfrutábamos despreocupadamente se ponen en riesgo, comodidades no solo materiales sino sociales también, la educación y la salud tal como las conocíamos empiezan a volverse borrosas.

Quizá dicha seguridad y dichas comodidades eran suficientes para distraer la infelicidad de tantas personas alienadas por su tipo de vida, dominadas por el “soy lo que debo” en vez del “soy lo que quiero”, personas sin tiempo siquiera para pensar el sentido de su vida y personas sin dudas del beneficio de entregar su tiempo a este sistema. Ahora las cuentas ya no salen, ya no hay beneficio alguno, la supervivencia se pone en riesgo y es ahí donde surge esta agitación social, a ver si se enteran.

Personalmente nunca he estado en armonía con este sistema, ahora todos podemos ver lo lejos que está el pueblo, o  la mayoría de humanos que componemos este sistema, de toda capacidad de decisión sobre él. Estamos poniendo cara a todo el que finalmente se está beneficiando de nuestro sedentarismo cognitivo, y no solo eso, estamos viendo como son los primeros en recibir ayuda para que todo se recupere y podamos volver a ser sus gallinas de los huevos de oro. ¿Qué nos devuelve un sistema por el que hemos entregado tanto cuando estamos en peligro? Nada, solamente se preocupa de la supervivencia de los que lo encabezan. De ahí viene el descontento.

No deseo ser apocalíptico, pero no me importaría hablar de cambio, y pensar en cómo podría ser un mundo en que el capital intelectual y social de las personas, y no el dinero, fueran los que lideraran el sistema de los que componemos esta sociedad, en beneficio del individuo, y no del que los domina, para variar.