La mentira, algo que está muy presente en nuestras vidas, ya sea por nosotros mismos, o por los demás, y también es tema de grandes dilemas filosóficos, pero sobretodo seguro que resulta un dilema personal en muchas ocasiones. ¿Mentir o no mentir?

Empezaré definiendo lo que es una mentira, y para no entrar en debate sobre la misma definición haré referencia a la definición en Wikipedia:

“Una mentira es una declaración realizada por alguien que cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, ocultando siempre la realidad en forma parcial o total.”

Es decir, si nosotros decimos una mentira creyendo que es algo verdadero, no estamos mintiendo totalmente, no hay intención de engaño pues estamos confundidos o desinformados… pero si ya sabemos que lo que decimos difiere o distorsiona lo verdadero estamos mintiendo, hay una intención de engaño, que en ocasiones puede ser buena, y en ocasiones puede ser con intención mala, esto es lo que generalmente entendemos como mentira.

En muchas religiones la mentira es un pecado, pues una mentira con mala intención busca generar conflictos intencionadamente, lo que es de una mala moral. Podemos ver incluso clasificaciones de mentiras como las de Tomás de Aquino, que distingue entre tres tipos de mentiras, la útil, la humorística y la maliciosa. Según Tomás de Aquino, los tres tipos de mentira son pecado. Las mentiras útiles y humorísticas son pecados veniales, mientras que la mentira maliciosa es pecado mortal.

Y cabe destacar que el tipo de mentira mas antigua y más castigada es la calumnia, ya que con esto se imputa siempre a algún inocente con intenciones de provecho maliciosas.
Y ahora llegados a este punto en el que sabemos, o hemos recordado, un poquito más sobre lo que es mentir vamos a pensar un poco ¿Es útil la mentira? ¿En qué momentos estaría justificado mentir? ¿Podría darse un mundo sin mentiras?

Ya en la Grecia antigua, los sofistas, se ganaban la vida con su compromiso de ganar casos legales, más que de defender la verdad, algo que hoy en día sigue sucediendo, es decir, hay intereses que van más allá de la verdad, y son muchas las noticias en las que vemos como gente que miente y roba se sale con la suya gracias al poder del dinero o el uso de las leyes, pero eso es otro tema.

En el lado opuesto tenemos a Kant. Kant deducía y afirmaba que es preferible dejar morir a alguien que mentir por su salvación, ya que de su imperativo categórico se deduce que lo normal es la verdad, y que mentir a alguien implica que no lo tratemos como nos gustaría que nos trataran a nosotros, o al resto de los humanos. Pero esto es así y es algo que le supuso muchas críticas a Kant, pero que representa la frialdad de lo que podría ser un mundo sin mentiras.

Schopenhauer pensando este tema llega a afirmar también que mentir puede ser a veces incluso admirable dependiendo de a situación, pero ya nos advierte con su cita “no me hagas preguntas, y no te mentiré”.

Ya por último solo me queda decir, que la mentira no es algo que solamente esté a pié de calle, desde Platón se debate la idea de la mentira en la política en nombre del bien público, o podemos ver también como medicina está generalizada la mentira por el bien del paciente. Ambas cosas están vigentes y en activo, sobretodo la primera.

Mi opinión sobre la mentira, más allá de la moralidad, es que como mínimo es una herramienta social muy útil, pues ayuda a mantener sanas las relaciones interpersonales, un poco como una válvula de escape, pues si dijéramos la verdad en toda ocasión nos ganaríamos más de un disgusto con quien no nos conviene, algo que nos da unas ventajas indiscutibles.

Para profundizar en el tema recomiendo seguir al filósofo Inglés, David Livingstone Smith que tiene muy elaborada la defensa de la utilidad de la mentira, explica como toda la naturaleza utiliza el engaño e incluso por qué somos capacez de engañarnos a nosotros mismos, os dejo una entrevista sobre él para seguir reflexionando:

Guión utilizado para el programa EIDOS 07/03/2012