Si hay algún filósofo con el que me siento identificado a la hora de la lectura es con Michel de Montaigne.

“Lee mucho, olvida gran parte de lo que has leído y sé lento de entendederas.”

Hoy en día quizás resultaría más fácil y sobretodo con los medios electrónicos, pero este filósofo reunió en su biblioteca más de un millar de libros, algo destacable en pleno siglo XVI, por eso sus citas nos sorprenden:

“Nada hay por lo que quiera romperme la cabeza, ni siquiera por el saber, cualquiera que sea su valor. En loslibros solo busco deleitarme mediante sano entretenimiento, o si estudio, con ello solo busco encontrar conocimiento sobre mí mismo y que pueda instruirme sobre bien morir o bien vivir.”

Pese a haber estudiado en un destacado colegio y ser un gran erudito sobre el mundo grecolatino, llegó un momento en el que Montaige no tenía ningún problema en comunicar que los libros técnicos, densos y retorcidos no le interesaban, pues su lectura no resultaba una experiencia placentera, y muchas veces su contenido nada tenía de práctico

La sabiduría de vida no debería requerir de grandes tecnicismos ni de largas justificaciones, encontrarse con libros y filósofos que consiguen aburrirnos debería restar peso a la importancia adquirida gracias a sus ideas. Si mentes de gran calibre solo escriben para mentes de gran calibre ¿Como van a popularizarse y practicarse sus reflexiones? ¿Acaso interesa que todo se quede en el mundo teórico? ¿A quién van dirigidos los libros entonces?

Que un apasionado de la filosofía vaya apaciguando su fuego página tras página se debe a la dificultad y al aburrimiento, pero ¿Es culpa del lector por tener un pensamiento de menos intensidad, o culpa del escritor por no saber expresar de forma sencilla sus ideas?
Montaigne lo tenía muy claro, según él, el aburrimiento debería servir de indicador sobre la calidad de un libro.

¿Acaso cuando la lectura se convierte en un aburrimiento obligado no es un sufrimiento?

El academicismo radical que ha sufrido la filosofía es una expresión de todo esto, se ha quedado encerrada en libros que aburren y hay quien alcanza la felicidad directamente cerrando dichos libros, toda una paradoja filosófica.

El resurgimiento actual de la filosofía hace que el interesado actual se acerque a los filósofos griegos, que pese a ser los más distantes tienen unas ideas más conceptualizadas, directas, e incluso prácticas hacia la vida feliz.

Al final lo dificil es escribir sencillo.