Llevo unos cuántos días dándole vueltas al origen de mis actos, lo que junto a diversos textos y libros me ha llevado a reflexionar sobre la fuerza de voluntad.

Para empezar me gustaría definir lo que se entiende por voluntad, que para no entrar en debate sobre lo que es esto lo transcribo tal cual está en wikipedia:

La voluntad es la capacidad de los seres humanos, y de otros animales, que les mueve a hacer cosas de manera intencionada. Es la facultad que permite al ser humano gobernar sus actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado. La voluntad es el poder de elección con ayuda de la conciencia.

La relación que yo le encuentro con la filosofía está relacionada tanto con la ética como con la felicidad, empiezo.

En la historia del pensamiento ético, tenemos dos grandes momentos:

Uno es el momento aristotélico, que a proporción es el que más tiempo ha ejercido su influencia, y es la construcción de nuestro sistema de valores con la VIRTUD  como herramienta principal, es decir, dirijo mi comportamiento para trabajar ciertas virtudes, porque YO QUIERO acabar siendo así, o lo que sería mas fácil, la frase de:
“Todo hombre vive eligiendo, y al elegir, se construye a sí mismo”

Y luego tendríamos el llamado momento Kantiano, este momento del pensamiento ético se define por trabajar la ética con los ACTOS como herramienta principal, es decir, ya no importa tanto las virtudes que uno trabaje, que lo que importa es la bondad y finalidad de sus actos.
La ética de Kant siempre nos habla de los actos, y nos deja pensamientos tan importantes como que “un acto bueno, es bueno en si mismo”, es decir, si intento salvar a un niño que se ahoga y no llego, mi acto, aunque fallido, ha sido bueno, o incluso si hago algo que perjudica a alguien, pensando en que le puede hacer bien, Kant sentencia que el acto es bueno, y personalmente así lo creemos.
De hecho Kant nos deja una idea muy importante y es su imperativo categórico o su principio de universalización, cuya formulación más conocida dice:
“«Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal».

Hoy en día se debate, almenos eso leo en internet y en diversos libros de filosofía, que tanto en una ética como en otra hay ciertos fallos y lagunas, y ninguna ha conseguido una solución definitiva y lo más ideal sería una mezcla de ambas eticas, trabajar nuestras virtudes y vigilar nuestros actos.

Todo esto viene a cuento de lo siguiente,  ¿cómo controlamos nuestros actos y nuestras costumbres?
Con fuerza de voluntad, a lo que recuerdo que es esa capacidad de gobernar nuestra conducta intencionadamente y desde la razón.

Aunque no lo parezca aquí tenemos un largo debate, en el que podríamos debatir sobre el triunfo de la desidia en nuestros días, la desidia aparece cuando renunciamos a un bien mayor a largo plazo por una satisfacción menor a corto plazo, que es algo que seguro que nos suena a todos, o la influencia del subconsciente, que según comentan los científicos es el que gobierna nuestro día a día dejándonos solamente un 5% de decisiones conscientes, pero no es de los enemigos de la fuerza de voluntad de lo que me gustaría escribir hoy, sino de la propia fuerza de voluntad que también es una gran desconocida.

Hoy en día se sabe, gracias a psicólogos de renombre como Roy Baumeister, que la fuerza de voluntad es como un banco de fuerza, o mejor dicho, como un músculo, podemos encontrar en internet como con diversos experimentos ha demostrado que la fuerza de voluntad se gasta, es decir, si la trabajamos intensamente llega un momento que nos cansamos y dejamos nuestras decisiones en manos del azar. También se demuestra que la fuerza de voluntad al igual que los músculos aumenta su capacidad conforme más se trabaja, es decir, conforme más conscientes seamos de nuestro comportamiento y más esfuerzo hagamos por dirigirlo, con mayor facilidad lo seguiremos haciendo.
No obstante los psicólogos involucrados en el estudio de este campo recomiendan no hacer un uso excesivo de la fuerza de voluntad, y dejar las decisiones más triviales en manos de la espontaneidad, ya que como he nombrado anteriormente, al igual que los músculos, se cansa.

Y yo os dejo con las siguientes preguntas ¿Trabajamos nuestra fuerza de voluntad? ¿Dejamos demasiadas decisiones importantes en manos de lo espontáneo y de la suerte?¿Encontramos una verdadera relación directa entre la fuerza de voluntad y la ética? Y por último ¿Qué mayor felicidad que saber que gobernamos nuestros actos?

Basado en el guión utilizado para el programa Eidos 12/02/2012