Es muy normal en las conversaciones sobre la felicidad imaginar que la alcanzaremos en una situación perfecta en la que los ingredientes no pudieran dar otro resultado que no fuera la felicidad, ingredientes distantes, exóticos y en ocasiones incluso inalcanzables.
Yo mismo pensaba así hace mucho tiempo, excusaba no tener mi paraíso particular por no tener los ingredientes ¿Quién podría reprochármelo? ¡Ni yo mismo! ¿Cómo voy a conseguir construir algo si no tengo las piezas? ¡Es de locos!

Si uno bucea y se documenta dará con cientos de recetas, consejos, métodos y anécdotas relacionadas con la felicidad, cada una de su padre y de su madre, por lo que yo me propongo reflejar aquí dos consejos de mi propia cosecha para el que desee leerlos.

Son dos consejos más que se suman a todos los que hemos comentado antes, y ¿sabes por qué a la mayoría de gente no van a funcionarle? Por que…

1, la felicidad se trabaja

Quien no esté dispuesto a cambiar sus costumbres, sus reacciones, a observarse e indagar, gastando tiempo en pensar su felicidad, tendrá más difícil conocer el estado que anhela.
Es una forma diferente de pensar la felicidad, conseguir la felicidad en vez de padecerla aleatoriamente, y esto puede ser así, la felicidad se consigue igual que se puede conseguir la infelicidad.
No gastes tiempo buscando la felicidad, haz lo que te hace feliz ahora con lo que tienes, ya que…

2, un millonario nunca va a ser más feliz que tú.

En una sociedad en la que todo se mide por dinero hay que recordar, aunque se haya convertido en tópico, que el dinero no da la felicidad y que eso es algo que quiere aparentar la gente que tiene dinero, o los que ganan mucho dinero con la gente de mucho dinero que cree que el dinero hace más feliz.

Hace tiempo que la neurociencia advierte que estados como la felicidad son procesos bioquímicos iguales a todas las personas, y que incluso las personas que más los trabajan tienen propensión a conseguirlos más fácilmente, como un músculo. Es decir, la sensación, los efectos y los procesos son los mismos en todas las personas.

Es decir, una señora de Burgos que se haya quedado embarazada deseándolo es igual de feliz o más que el adinerado californiano que sale de su mansión a pasear en descapotable si es que eso le hace feliz todavía, de hecho, este señor estará tan acostumbrado que lo tomará como algo normal, y sentirá la misma satisfacción que la señora de Burgos en su paseo hasta el trabajo.

No seré tan hipócrita de decir que el dinero no facilita las situaciones de felicidad, lo que a proporción hace a alguien más feliz, pero sí que diré que a efectos de “cantidad” de felicidad, uno puede igualar en grado a cualquiera con sus pequeñas cosas, e incluso si encuentra y trabaja esas pequeñas cosas puede multiplicarlas en su día a día.
Yo tengo canciones que me ponen alegre, me divierto jugando con mis perros, mi pareja me fascina, el ejercicio me hace sentir bien y la lectura alimenta mi curiosidad, y es en estos momentos donde nadie puede ser más feliz que yo, ni en teoría ni en práctica. ¿Ayuda leer el pensamiento y la sabiduría de vida de otros? Sí, mucho, pero al final todo se reduce a algo personal, es tu proceso bioquímico, tú lo padeces y tú lo consigues, y tú deberías conocerlo.

Encuentra tu fórmula, trabájala, y convéncete de que nada te hará sentir más feliz que lo que te hace feliz ahora.
Ni el dinero, ni la ignorancia son fórmulas aseguradas, de hecho son lo que son, el dinero tiene las consecuencias de tener dinero, y la ignorancia solamente ofrece ignorancia.

 

El hombre más feliz del mundo nunca lo será por un momento, lo será si lo es todos los momentos.