Pese a mi interés por la filosofía, son más los libros que leo sobre temas que considero periféricos, que sobre misma filosofía. Antropología, sociología y psicología suelen ser mis temáticas más recurrentes a la hora de conocer mejor lo que soy para sacar mis propias conclusiones.

Los libros de estas temáticas orientados al gran público suelen ir adornados de curiosos experiementos sociológicos. Voy a anotar algunos que me resultan curiosos:

El buen humor

Leído en “La trampa del ego“, de Julian Baggini.

Un grupo de investigadores trabaja con usuarios de una cabina telefónica sin que ellos lo sepan.

Los dividen en dos grupos. Un grupo se va a encontrar una moneda estratégicamente colocada en el cajetín de las vueltas, el otro grupo no va a tener la suerte de encontrarse dinero al finalizar la llamada e introducir los dedos para ver si hay algo.

El experimento consiste en que los sujetos de ambos grupos se van a cruzar con un ataviado señor al que se le caen todos los papeles al suelo en presencia del sujeto recién salido de la cabina.

Los investigadores pretenden saber si el estado de ánimo positivo (encontrase dinero extra) influye sobre el altruismo, ayudando a los demás sin esperar nada a cambio.

Solamente 1 de los 25 usuarios de los que NO encontraron moneda ayudó a recoger los papeles al accidentado peatón, y 14 de los 16 recién afortunados que se habían encontrado dinero extra en la cabina ayudaron a recoger los papeles del suelo.

El experimento apunta a que los efectos positivos de un buen estado de ánimo aumentan la conducta prosocial.

Todos piensan como yo

Leído en “Trampas mentales” de Matteo Motterlini.

George Wu, universidad de Chicago, le plantea dos preguntas a sus alumnos:

“¿Tienes teléfono móvil?, ¿Qué porcentaje de la clase crees que tiene teléfono móvil?”
Los que SÍ tenían teléfono móvil respondieron que que más del 65% de la clase tenía móvil, mientras que los que NO tenían móvil respondieron que sobre el 60% de la clase no tenía teléfono móvil. Porcentajes similares. Los alumnos, tuvieran teléfono móvil o no, pensaban que la mayoría de la clase tenía su misma situación.

Otro ejemplo de la llamada trampa mental del “falso consenso” tuvo lugar en 1970, por Lee Ros en la universidad de Standford.
Pidió a varios alumnos que se pasearan por el campus con un disfraz-cartel que rezaba “Eat at Joe´s”, algo embarazoso para los jóvenes alumnos y además sin ninguna recompensa.
Independientemente de si los alumnos que habían aceptado o  no, el profesor entrevistó a todos los alumnos. Los que aceptaron el trabajo estimaron que el 65% de la gente a la que le había sido ofertada la propuesta había aceptado, mientras los que rechazaron el trabajo estimaron que el 75% de sus compañeros también se habían negado.

Además, en general, las victimas de los experimentos del falso consenso tienden a pensar que las personas que no han pensado como ellos tienen algo que falla. No solo piensan que los demás van a actuar como ellos, sino que además una vez desmontada la trampa ubican el fallo en los demás.

Anclaje

Sloan school os management del MIT, año 2000, profesores Dan Ariely y Dacen Prelec.
Los investigadores muestran 6 objetos diferentes a 55 alumnos. El precio medio de los objetos ronda los 70 dólares en el mercado.

Uno a uno preguntan a los alumnos “¿Comprarías este objeto por la cantidad equivalente a las dos últimas cifras de tu número de la seguridad social?”

El alumno podría elegir uno de los objetos a comprar, y entonces, uno de los investigadores tiraría una moneda al aire, si sale cara el alumno debería decidir si compraba el objeto por el valor de las cifras de la seguridad social, y si salía cruz podría poner el precio que el estimara al objeto.

El experimento demostraba que los alumnos que partían de un anclaje alto, es decir, con número de la seguridad social superior a la media, gastarían en torno a un 100% más, que los alumnos que partían con un número de la seguridad social inferior a la media.
Por ejemplo, un alumno  que partía de un número de la seguridad social equivalente a 80 dólares, estaba dispuesto a pagar hasta 57 dólares, por un objeto al que un alumno con un número de seguridad social equivalente a 20 dólares compraría por 16 dólares.

El experimento demuestra que hablar de cifras altas, aunque no tengan sentido alguno, hace que pensemos en grandes cifras, mientras que si tenemos en mente cifras pequeñas, hará que sigamos pensando en cifras pequeñas.

¿Crees que las grandes empresas no se aprovechan de nuestras trampas mentales?

Hay otro libro interesante y muy relacionado con “Trampas mentales” de Matteo Moterlini, es “Las trampas del deseo“, del conocido Dan Ariely.

Solamente leyendo el índice uno puede empezar a plantearse la forma en que pensamos y decidimos, ¿ por qué las opciones nos distraen de nuestro objetivo? ¿ por qué una aspirina de 50 céntimos cura mejor que una aspirina de 1 céntimo? ¿por qué sobrevaloramos lo que tenemos? son algunas de las preguntsa que desarrolla.

¿A qué esperas para conocer tus trampas mentales?