La gente me pregunta por qué me decico a estudiar filosofía a estas alturas y con tantas cosas que hacer.
Tampoco entienden muy bien de que se trata, para que sirve o de que se puede trabajar.
Hay que reconocer que la filosofía hoy en día no es muy popular, pero lo que si es demasiado popular entre los jóvenes es elegir tus estudios en vistas a tu carrera laboral. Sentenciar tu futuro entregando años, esfuerzos y voluntad para un trabajo que puede llegar, o no.

La gente debería encontrar lo que le apasiona, formarse en ello si es necesario, y si es bueno en lo que hace la forma de ganarse la vida le llegará. Es una idea mucho mejor que la que tuvieron todas esas legiones de estudiantes de económicas que hoy no tienen ni pasión, ni empleo. ¿Realmente a tanta gente le pueden apasionar las ciencias económicas a los 18 años? Muchos me confiesan que no, pero tampoco puedo hablar por todos.

Yo, como un despistado más, me dí cuenta que esa no es la solución. Te puedes engañar un tiempo pero no demasiados años, y todavía más cuando es el pensamiento y la reflexión lo que te está llamando.

Quizá haya pocas salidas laborales para la filosofía, lo desconozco, lo que si sé es que hay razones de sobra para sumergirse en ella, y que las satisfaciones que aporta el conocimiento no las aportan las palmaditas en la espalda de una/un jefecillo de tres al cuarto.

Mejorar, conocerse a uno mismo, buscar la verdad, trabajar tus virtudes, sumar un poco para hacer este mundo mejor, ser consciente de lo que pasa… son cosas que no tienen precio.