Zaragoza, manifestación de la huelga general del 14 de noviembre de 2012. Una marea de personas de diverso aspecto e intereses llenaban por completo el recorrido de la manifestación desde antes de empezar.
Cuando uno decide abandonar el día a día sobre-estimulado  de la gran ciudad y vuelve a ella en tal situación es especialmente susceptible a sentirse un poco agobiado ante tantas caras, tantos gestos y tantas palabras que analizar.

Todos estábamos allí por un mismo interés, pero la entrega y la expresión de las personas del entorno desvelaban algo muy evidente, hay gente que se estaba tomando esa manifestación, esa huelga, esta situación de una manera mucho más seria que otros, y no necesariamente por la forma en que les estaba afectando esta situación.

Realmente llegué a acabar convencido de que algunas personas de las que me rodeaban darían su vida por cambiar la situación de su sociedad, darían su vida por alcanzar su objetivo.

Llegados a este punto uno se enfrenta a una cuestión muy fuerte… ¿Por qué darías tu vida?

Tras unos días de tranquila maduración, de reflexión espontánea sin más, me gustaría compartir mis ideas:

Teoría de los intereses concéntricos

Para ordenar mis ideas he creado una pequeña teoría que he utilizado para unir las piezas del puzzle que se han ido descubriendo.

Para empezar hay tres escalones que diferencio, ego, amor / apego y objetivos.

Ego: Yo. La primera barrera, el instinto de supervivencia. Es difícil entregar la vida por algo y más cuando no se tiene un pensamiento tan desarrollado como para crear una convicción fuerte de creer en algo superior que la propia vida de uno mismo.

Amor/Apego: Lo otro. La segunda barrera, entregar la vida por aquello que es imprescindible para la vida misma, ya sea por un vinculo emocional fuerte (amor), o por una necesidad compulsiva hacia a algo que se considera igual de imprescindible (apego).

Objetivos: Aquello. La tercera barrera, el mundo de las ideas. Aquello que me engloba a mi, a lo que quiero, a los que son como yo y a lo que quieren.

 

Ejemplo 1: Sé que hay otras cosas y personas importantes, incluso dudo de que daría mi vida por ellas porque son realmente imprescindibles para mi, pero no lo haré.

 

Ejemplo 2: Realmente daría mi vida por mis padres/pareja/hijos/amigos por eso mi persona pasa a un segundo plano.

 

Ejemplo 3: Sé muy bien lo que quiero alcanzar y por lo que lucho, ni yo ni los demás son más importantes y daré mi vida sin dudarlo si hace falta.

 

Como humilde y sencilla persona andante que soy no me atrevería a decir qué es mejor o peor, pero si que tengo una creencia fija en que lo que parte de la reflexión propia se acerca más a lo auténtico, no obstante para cada uno de los 3 ejemplos puedo pensar en casos tanto de reflexión como de ignorancia extrema.

En el ejemplo 3 podemos pensar tanto en Ghandi, como en un extremista, en el ejemplo 2 podemos pensar en un padre que ama a sus hijos o en un millonario y su fortuna, y en el ejemplo 1 podemos encontrar a un filósofo pensador que ha llegado a esa conclusión y al viandante que jamás se lo ha preguntado pero es su primer impulso.

Igualmente desconozco si subir de escalón implica una mayor madurez emocional, un nivel mayor de empatía o compromiso social, por ahora he conocido el poder de esta pregunta y he aprendido mucho sobre mi mismo antes de creer tener una respuesta, por esto te animo a que de forma silenciosa y sincera te la preguntes:

¿Por qué darías tu vida?

Y si no ves claro el camino, o no estas convencido sustituye esa linea roja que representaba tu vida en los esquemas por un nivel de sufrimiento muy alto y reformula:

¿Por qué estarías dispuesto a soportar un nivel de sufrimiento extremadamente alto?