Ayer , en el programa de filosofía por radio Eidos, estuve hablando del sentido de la vida. Desafortunadamente no es algo que yo pueda revelar,  ni creo que nadie pueda hacerlo por nosotros, pero lo que si que podemos hacer es pensar en la validez de usar dicho término en nosotros mismos. Veamos.

La búsqueda del sentido de la vida es una búsqueda importante, y digo búsqueda de forma literal, en Google las búsquedas relacionadas con el sentido de la vida ascienden a  1.500.000 consultas mensuales, esto nos lleva a unos 18 millones de búsquedas españolas de media en 2011.

18.000.000 de almas descarriadas parecen muchas, y digo descarriadas porque ¿Dónde va alguien que cree que su vida no tiene sentido?

Por ello me gustaría hablar sobre el significado, de lo que llamamos “el sentido de la vida”, porque es una frase o término muy popularizada, de hecho, una de las más grandes preguntas de la historia del ser humano, que más o menos gente se para a darle vueltas, sin meditar antes sobre si debería ser pensada…

Y vemos por qué…

La frase o término “el sentido de la vida” puede hacerse problemática porque solo algunos elementos, como frases, objetos, herramientas… están dotadas de sentido para su existencia, es decir, hay cosas que si que tienen un fín último para su creación y su existencia en función de una utilidad.

La gente más religiosa ve a Dios como una fuente para explicar el sentido de su vida, y aunque no entiendan lo que les pasa en su día a día encuentran en su fé en algo mágico y superior en lo que pueden encontrar alguna ambigua explicación.

Los críticos de este planteamiento encontramos un impedimento muy grande, no contentos con lo dado siempre pensamos un poco mas allá, y directamente nos preguntamos ¿ es necesario que nuestra vida tenga algún sentido?

Los actos que realizamos pueden tener algún sentido, igual que el fin último del trabajo de un mecánico es arreglar bien los coches, podemos decir que ese es el sentido de su trabajo, pero ¿se puede afirmar que su vida tenga un sentido igualmente? ¿se debe extrapolar algo que relacionamos con el buen funcionamiento de algo, a guiar la existencia de una persona?

Para un religioso su vida tiene mayor sentido según cumple mejor la palabra de su Dios, pero someterse a la voluntad de otro no parece compatible con el diseño de un ser autónomo y racional como es el ser humano.

La filósofa alemana Susan Wolf dice en su libro Felicidad y Sentidoel sentido aparece cuando la atracción subjetiva encuentra algo objetivamente atractivo”, esto lo podríamos ver mejor en la paradoja de Nietzsche y el eterno retorno, el filósofo propone hallar el sentido de la vida realizando lo que a uno le hace feliz, de tal manera que si volviera al pasado volvería a hacer lo mismo, creando así un bucle infinito que confirma el acierto de nuestro acto respecto a nuestra razón.

Vemos así que nuestra vida, no tiene por qué tener un sentido concreto, es una expresión que quizá crea más problemas que soluciones, pero  nuestros actos a corto y medio plazo y aquello que realizamos con una intención, alcanza su sentido cuando logramos tal intención, y una satisfacción por su logro, de esta manera es mucha la gente que relaciona el sentido de la vida, con alcanzar la felicidad, pero…

¿Es lo mismo encontrar el sentido de la vida que encontrar la felicidad? ¿Quién puede llegar a decirnos cuál es el sentido de la vida? ¿Le haríamos caso aunque esta finalidad no nos hiciera felices? ¿Podemos pensar en “el sentido de la vida” como término, o tenemos su búsqueda demasiado arraigada ? ¿Por qué pasa esto? Y por último hay que pensar…

¿Necesita la vida tener un sentido, o ya es valiosa por sí misma? Necesite la vida tener un sentido o no, por ahora cada uno es libre de dárselo o no, pero siempre recuerda que: