Este complejo concepto que deviene de la palabra “Nihil”, nada. Es una actitud de la vida particular que está influenciada por una concepción de la filosofía que niega el valor de la vida o todo aquello que da sentido a la existencia.
Uno de los antecesores de este término podría ser Gorgias. Él fue el primero en afirmar el nihilismo absoluto: “nada existe: si algo existiera, no podría ser conocido; si algo pudiera ser conocido, no podría ser comunicado”.[1]

Sin embargo, en esta ocasión merecerá la pena para un momento en otro autor que ha dotado a este concepto de la fama actual. Se use adecuadamente o no.
Estamos hablando, por supuesto, de F. Nietzsche. Él desarrolla en su afamada publicación “Así habló Zaratustra” junto al símbolo del camello. Ser este, que se caracteriza por cargar resignadamente unos pesos mayores que no le pertenecen.

Y en este punto habla de dos tipos de nihilismo:
Por un lado, desarrolla el nihilismo activo. Esto es, la prueba de cómo los valores que reinan una sociedad o que la dominan, no son nada. Pueden cambiar de un día para otro y es de hecho, lo que debe suceder, puesto que los valores que suelen dominar a una sociedad son invenciones que sirven a unos pocos para mantener en “orden” a una gran mayoría. Así como para tenerlos enajenados, pensando que su actuación es correcta por el bien de un ser que es superior a todos aquellos. Mentiras y más mentiras. Estos valores deben ser disueltos y renovados por una moral transmutada para una nueva tierra, para un nuevo hombre y para un nuevo superhombre, dando un “nuevo sentido a la tierra”.
Dicha fase es necesaria, a lo largo de la Historia se ha mostrado como esta crisis es útil en el afán. Tal vez nuestro mundo actual, sea testigo de otro cambio de paradigma. Quien sabe, tal vez.




La segunda fase del nihilismo, es denominada como “nihilismo pasivo”. Este viene gracias a la simbólica muerte de Dios o el fin de la creencia de un ser superior. Con dicho fin, comienza una crisis de sentido y convencimiento de que la existencia es absolutamente insostenible, vacía, carente de sentido. Así que hagan ustedes la suma: solo dios da sentido a todo lo real, si dios no existe, entonces todo lo real carece de sentido. Una vez en este punto, podríamos preguntarnos qué hacer con nuestro mundo, cuál será aquello que comenzará a dar sentido a la vida actual: será el dinero, el símbolo del consumo, el poder, Twitter, Angela Merkel, Podemos,… ¿Qué será?

Quédense un momento en este punto, vitalmente nihilistas. No desesperen, acurrúquense junto a la nada, esta no es muy significativa, pero ante ella, se nos abren millones de posibilidades que la opción única e impuesta no ofrece. Véanlo así, sin la posibilidad de la Nada, no tendríamos el Todo como opción. Paradójico, ¿no creen?

[1] Hermann Alexander Diels: Fragmentos de los presocráticos (Die Fragmente der Vorsokratiker). Rf. http://es.wikipedia.org/wiki/Hermann_Alexander_Diels (última consulta, 14/12/14)