Tras pasear a los perros y desayunar, en este orden,  hoy he comenzado el día aprendiendo más sobre las revoluciones de Argentina, y el pensamiento en cadena me ha llevado a reflexionar sobre este tema, cambiar el mundo.

Me gustaría saber la cantidad de personas que desean cambiar el mundo sin saberse cambiar a sí mismas, y estoy convencido que a proporción sería más influyente realizar esto último que cualquier tipo de activismo a medio realizar o cuantas opiniones personales clamen.

El poder del que mantiene el mundo a cambiar se asienta sobre una normalidad de control e influencia, y si dicha normalidad se rompe, se rompe el sistema. Cuando uno realmente se gobierna a sí mismo, poco hueco deja para que lo gobiernen otros, y este conocimiento tan grande de nosotros mismos no entra en la normalidad. Seguramente dejaríamos de hacer lo que debemos y haríamos lo que queremos, lo que nos hace felices, y eso no mantiene ningún sistema, justo lo haría para mantenernos a nosotros mismos, lo que nos da una gran inseguridad, por eso cedemos parte de nuestra libertad al sistema a cambio de seguridad y protección, suena mal pero es la supervivencia de hoy en día, el truco está en dominar la parte que queremos entregar y no ceder ante el reclamo de gobiernos, dictadores o cualquier reclamo íntegro de nuestra libertad tal como suelen llevar a cabo los nacionalismos. Un tema muy interesante para el que recomiendo el libro “El miedo a la libertad” de Erich Fromm.

Este párrafo nos lleva a reflexionar que a veces, queremos cambiar el mundo que nos sustenta, lo que nos lleva a una paradoja que provoca un medio-activismo que no lleva a ningún sitio, véase que todos queremos salvar el planeta mientras no hacemos mas que consumir productos que han producido y producen contaminación ¿o no?

¿Quién quiere cambiar el mundo?

Tras una larga búsqueda no he conseguido encontrar al autor (os invito a ayudarme, aunque apostaría por Freud) de una frase que siempre he tenido en mente y asegura algo así como que, el deseo más grande y oculto de toda persona es dominar el mundo, y ser el rey  y máximo poder de su realidad. Sin ser hipócritas ¿Quién no ha sentido esto? ¿Quién no ha pensado aunque sea por unos segundos que si el mundo se rigiera por sus normas sería mejor?, nos hemos visto entonces capaces de regir un orden según nuestro ego.

¿No es esto un acto de egoísmo extremo? Seguramente si, pero podríamos diferenciar el objetivo de cambiar el mundo entre un egoísta y un humanista con una sencilla pregunta ¿Darías tu vida por cambiar el mundo?

Con todo esto espero haber creado una reflexión sobre este tema, y concluyo con la idea que nombro al principio, la primera y principal revolución debemos llevar a cabo si queremos cambiar el mundo que entendemos, es con nosotros mismos.