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Como aficionado y practicante de filosofía hay algo que me provoca una especie de aversión y simpatía cada vez que lo oigo, y es el termino “filosofía de empresa“, algo que para mi es un oxímoron.

Puedo entender que sea una palabra que queda bien y pueda incluso transmitir cierto halo de profundidad y espiritualidad a algo tan impersonal como una empresa, pero si una de las tareas propias de la filosofía es pensar el mismo raciocinio, por favor, pensemos si se está usando bien.

Lo que generalmente se llama filosofía de empresa suelen ser unos atributos o prácticas generalizadas que guían la respuesta que debe tener la empresa ante determinados problemas o decisiones, un reglamento firme y que se perpetúa en el tiempo sea cual sea la maquinaria humana que la ejerza, algo que hoy en día podemos asemejar al concepto de “ideología política“.

Detrás de la filosofía debe hacer una “cabeza que la piense”, un raciocinio que destacará en su capacidad de pensamiento filosófico en virtud de la revisión que haga a cada uno de sus dogmas en cada una de sus decisiones para replantearlas y llegar a un momento de autocrítica que solo la razón humana puede alcanzar.

Si la propaganda que se va a poner intenta reflejar el modo de interactuar con las personas, con la sociedad o con el planeta a modo de decálogo ético, algo que está muy de moda para engañar a unos clientes que cada vez están mas concienciados, también debería llamarse por su nombre.

Cierto es también que las empresas están formadas por personas y que su decálogo de prácticas puede influir en el modo de actuar de la empresa con sus clientes, pero de nuevo ¿estamos hablando de filosofía a una forma de actual que una persona tiene que seguir por parte de los que le pagan?

Asi que, por favor, ante la duda de llamar política, ética o filosofía a las normas o propagandas de su empresa, piénselo y piénsese.

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